Nacida en el seno de la fortuna y el poder, rodeada de falsedad e intereses ajenos creció, en un lejano país, la que un día seria la soberana del lugar, sin conocer nunca lo que se siente cuando alguien te regala tu afecto.
Paseando por las afueras del reino, un día, conoció a un desaliñado zapaterito que le regalo una sonrisa y su amabilidad. Zapatero y princesa pronto se hicieron inseparables llegando a cuidarse y viviendo juntos los pesares el uno del otro. La princesa no podía ser mas feliz.
Mas un día apareció un apuesto príncipe que llamo el interés de la Princesa, la cual poco a poco fue dejando de lado a su buen amigo el Zapatero, y a pasar mas tiempo con el Príncipe.
El Príncipe no mostraba preocupación alguna por la Princesa mas lejos de las de sus propios intereses, y no le agradaba la presencia del ahora desdichado amigo de esta.
Aprovechando el agotamiento del Zapaterito llevo a la princesa junto a este afirmando que era un necio y vago. El Zapaterito, sorprendido, no pudo reaccionar ante esta situación y la Princesa, dando la razón al Príncipe, desterró al Zapatero del lugar por holgazán.
~Fin~
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domingo, 6 de mayo de 2012
Exilio del alma
Caminando tropezó, se levanto, volvió a tropezar y así, varias veces, tropezó de nuevo hasta levantarse.
Miró al frente y observo como se reían de él...
¿Qué quienes se reían? Aquellos en quienes una vez confió y de quienes esperaba tendieran su mano para él poder apoyarse y no volver a caer.
De la nada apareció una mano. La agarro con todas sus fuerzas, y comenzó a levantarse una vez más, esperanzado y decidido, motivado por la calidez de ésta.
Pero aquellos que se reían agarraron al dueño de esa mano y, sin cesar su risa, comenzaron a taparle los ojos, susurrándole falsas verdades al oído, hasta que comenzó a reírse también, alejándose.
Dolido y asustado, viendo partir esa mano, corrió desesperado tras ella volviendo a tropezar, pero esa vez no se levantó. A pesar de que nuevas manos aparecieron quedó tendido en el suelo, recordando la calidez de aquella primera mano que sin tener por que lo esperanzó en vano y desapareció helando por siempre su corazón...
Miró al frente y observo como se reían de él...
¿Qué quienes se reían? Aquellos en quienes una vez confió y de quienes esperaba tendieran su mano para él poder apoyarse y no volver a caer.
De la nada apareció una mano. La agarro con todas sus fuerzas, y comenzó a levantarse una vez más, esperanzado y decidido, motivado por la calidez de ésta.
Pero aquellos que se reían agarraron al dueño de esa mano y, sin cesar su risa, comenzaron a taparle los ojos, susurrándole falsas verdades al oído, hasta que comenzó a reírse también, alejándose.
Dolido y asustado, viendo partir esa mano, corrió desesperado tras ella volviendo a tropezar, pero esa vez no se levantó. A pesar de que nuevas manos aparecieron quedó tendido en el suelo, recordando la calidez de aquella primera mano que sin tener por que lo esperanzó en vano y desapareció helando por siempre su corazón...
~Nuevamente Fin~
La princesa agradecida
Existió, muy lejos de aquí, un reino en el que un joven aprendiz de zapatero era amigo de la princesa del lugar.
No pasaba un día en el que no estuvieran juntos, el zapaterito le contaba historias de los clientes que pasaban por su taller y ella le hablaba de lo aburrida que era la vida en palacio. Las visitas del joven amenizaban el día a día de la princesa. Él la amaba y cuidaba de su princesa en todo momento, incluso si enfermaba.
Mas, cierto día, llego al lugar un apuesto príncipe que llamo el interés de la princesa. Con el traía mil historias que narraban la fantástica odisea vivida hasta alcanzar reino de ella. Anécdotas sobre juanetes, pies olorosos y botas que amenazaban con comenzar a hablar en cualquier momento no podían rivalizar con batallas a caballo, luchas contra dragones y cuevas maravillosas repletas de tesoros, lo cual apeno al zapatero, pero lejos de rendirse el zapatero decidió esforzarse, para que la princesa viese su valía!
Pasaron los días, las semanas, los meses y los esfuerzos fueron en balde.
La princesa pasaba cada vez mas tiempo con el príncipe y poco a poco olvido a su amigo el cual , también, poco a poco se fue marchitando en la soledad de su humilde taller al ver que la princesa sentía cosas por el recién llegado, quien se gano su corazón fácilmente.
Cansado, al ver que no conseguía nada con sus esfuerzos, el zapaterito decidió un día para. No merecía la pena tanto esfuerzo. La calidad de su trabajo cada vez era peor. Y la gente de la aldea comenzó molestarse por ello.
No tardo en llegar esto a oídos de la familia real. Al enterarse, la princesa, lo hizo llamar a la plaza del pueblo, lo tachó de holgazán y, delante de todos, lo desterró para siempre.
Tras la marcha del zapaterito, príncipe y princesa fueron felices por siempre.
~Fin~
No pasaba un día en el que no estuvieran juntos, el zapaterito le contaba historias de los clientes que pasaban por su taller y ella le hablaba de lo aburrida que era la vida en palacio. Las visitas del joven amenizaban el día a día de la princesa. Él la amaba y cuidaba de su princesa en todo momento, incluso si enfermaba.
Mas, cierto día, llego al lugar un apuesto príncipe que llamo el interés de la princesa. Con el traía mil historias que narraban la fantástica odisea vivida hasta alcanzar reino de ella. Anécdotas sobre juanetes, pies olorosos y botas que amenazaban con comenzar a hablar en cualquier momento no podían rivalizar con batallas a caballo, luchas contra dragones y cuevas maravillosas repletas de tesoros, lo cual apeno al zapatero, pero lejos de rendirse el zapatero decidió esforzarse, para que la princesa viese su valía!
Pasaron los días, las semanas, los meses y los esfuerzos fueron en balde.
La princesa pasaba cada vez mas tiempo con el príncipe y poco a poco olvido a su amigo el cual , también, poco a poco se fue marchitando en la soledad de su humilde taller al ver que la princesa sentía cosas por el recién llegado, quien se gano su corazón fácilmente.
Cansado, al ver que no conseguía nada con sus esfuerzos, el zapaterito decidió un día para. No merecía la pena tanto esfuerzo. La calidad de su trabajo cada vez era peor. Y la gente de la aldea comenzó molestarse por ello.
No tardo en llegar esto a oídos de la familia real. Al enterarse, la princesa, lo hizo llamar a la plaza del pueblo, lo tachó de holgazán y, delante de todos, lo desterró para siempre.
Tras la marcha del zapaterito, príncipe y princesa fueron felices por siempre.
~Fin~
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